Una vacación, un relato del alma

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Por : Anulfo Vargas Vásquez

Nueva York.- Viajar es mucho más que desplazarse de un lugar a otro. Es aprender de la experiencia nueva, es saborear la alegría de compartir en familia, es abrir el corazón a las sonrisas de los amigos y dejarse sorprender por la vida. Al regresar, lo que se lleva en la maleta no son solo ropas y recuerdos materiales, sino instantes que se guardan en la memoria para siempre.

Después de más de una década sin pisar el Estado del Sol, la ciudad caribeña de Miami me abrió nuevamente sus puertas. Allí me esperaban mi hijo José Anulfo, su esposa Cecilia, y mis nietos Isabella y Luca, quienes con sus besos y abrazos espontáneos llenaron mi corazón de ternura. El calor del clima no fue nada comparado con el calor humano que me envolvió desde el primer instante.

La vida me regaló la dicha de acompañar a Cecilia a buscar a los niños a la escuela. Fue un instante sencillo, cotidiano, pero cargado de significado. Al esperar en la puerta, los recuerdos me llevaron al pasado: cuando recogía a mis propios hijos, María, Anibel y Albert, en Nueva York. Entonces comprendí cómo el tiempo transforma las escenas, pero no borra el amor que las sustenta.

Las conversaciones con mi hijo fueron otro regalo. Hablamos de la vida en pareja, de la importancia de la economía y del respeto mutuo. Cecilia, con su inteligencia y sensibilidad, aportó su visión, y entre los tres se tejió un diálogo armónico, lleno de comprensión. Descubrí en ellos no solo buenos padres, sino también seres humanos que practican la igualdad como principio de convivencia.

Miami también me ofreció la alegría de las amistades. José y Cecilia forman parte de un grupo de jóvenes dominicanos que cultivan la unión familiar y organizan actividades donde conviven niños y adultos. En un restaurante alemán compartimos risas y afectos con Rafael, Massiel, Ian, Amanda, Jamie, Paola, Dra. Elodia A. Samboy F., y los pequeños Isabella, Luca, Charlotte y otros niños que alegraban con su inocencia la mesa.

No faltó el paseo a la playa. En Hollywood Beach, apenas unos minutos después de llegar, el cielo se abrió en una lluvia repentina. Pero lejos de arruinar el momento, esa descarga de agua se volvió símbolo de lo imprevisible, lo espontáneo, lo que hace únicas las experiencias.

Así, esta estadía en Miami se convirtió en una historia más que guardo con gratitud. Fue un viaje de abrazos y memorias, un capítulo escrito con cariño y ternura, una pausa luminosa en el camino de la vida. Porque al final, lo importante no es el destino, sino la riqueza del encuentro, la huella del amor y la certeza de que cada instante vivido merece ser agradecido.

 

3 COMENTARIOS

  1. Gracias por tan bellas palabras <3. Qué lindo es leer y haber aportado a que su estadía haya sido enriquecedora. Muy grato de tenerlo y gracias nuevamente por el tiempo, los dialogos y las enseñanzas.

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