USA si por qué ?

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Por qué Estados Unidos sí y América Latina no?

La verdadera derrota no es de Venezuela. Es de América Latina.

Hay una pregunta que deberíamos hacernos los latinoamericanos, más allá de nuestras preferencias políticas:

¿Por qué Estados Unidos sí puede sentarse con Venezuela y negociar el acceso a una parte extraordinaria de sus recursos naturales, mientras América Latina ha sido incapaz de hacer lo mismo en beneficio de los propios latinoamericanos?

No estoy hablando de defender a Nicolás Maduro, al chavismo o a la oposición. Estoy hablando de los intereses permanentes de nuestros pueblos.

Un gobierno pasa. Una ideología pasa. Un presidente pasa. Pero 65.000 millones de barriles de petróleo no pasan. Permanecen. Ese debería ser el principio de nuestra política exterior.

Lo que acaba de ocurrir

Washington alcanzó un acuerdo bajo el cual la firma privada North American Blue Energy Partners (NABEP) recibiría una concesión a 100 años por 17 campos petroleros en Venezuela que contienen unos 65.000 millones de barriles de reservas. El esquema contempla que EE.UU. tomará una participación del 35% en la empresa matriz, recibirá un 20% garantizado de la producción y tendrá derecho preferente de compra sobre el resto.

La Casa Blanca lo presenta como seguridad energética y como una forma de duplicar las reservas estadounidenses. La Asamblea venezolana, dominada por el oficialismo, ya respaldó el acuerdo.

Entonces pregunto: ¿Dónde estaba América Latina mientras otros negociaban nuestras reservas?

Mientras nosotros discutíamos ideologías, otros discutían inversiones. Durante años gastamos enormes cantidades de energía política debatiendo si el gobierno venezolano es democrático, autoritario, socialista o capitalista. Discusiones legítimas, pero abandonamos otra mucho más importante: ¿cómo ayudar a Venezuela a desarrollar su riqueza y crear beneficios para toda la región?

Brasil tiene Petrobras. México tiene una enorme experiencia energética. Colombia tiene industria petrolera. Argentina tiene Vaca Muerta. Chile tiene capacidades mineras. El Caribe tiene posición geográfica estratégica. Centroamérica tiene la conexión entre dos océanos. Tenemos universidades, ingenieros, bancos, puertos y 650 millones de consumidores.

¿Por qué nunca fuimos capaces de sentarnos juntos y decirle a Venezuela: “Tu petróleo es tuyo, pero vamos a ayudarte a desarrollarlo. Vamos a invertir juntos, a crear empleos juntos, a construir infraestructura juntos. Y que EE.UU., China y Europa participen también, pero negociando desde una América Latina unida”?

Esa habría sido otra historia.

No se trata de excluir a Estados Unidos

Mi planteamiento no es convertirnos en enemigos de EE.UU. Todo lo contrario. Es nuestro vecino y nuestro principal socio comercial.

El problema no es que EE.UU. invierta en América Latina. El problema es que nosotros no tengamos la capacidad de invertir y asociarnos entre nosotros.

Una América Latina inteligente no debería decir “EE.UU. no puede entrar”. Debería decir: “EE.UU. puede entrar, pero nosotros también”. Una cosa es ser socio. Otra es ser espectador mientras otros negocian tus recursos.

El caso dominicano

Aquí aparece nuestra mayor contradicción. República Dominicana y Venezuela rompieron relaciones tras la crisis electoral de 2024. Podemos discutir si las posiciones fueron correctas, pero ¿era necesario convertir diferencias políticas en pérdida de relaciones económicas y estratégicas?

La diplomacia existe precisamente para hablar con quienes pensamos diferente. Si solo habláramos con quienes piensan como nosotros, ¿para qué necesitaríamos diplomáticos?

Por fortuna, el 2 y 3 de agosto de 2026, ambos gobiernos anunciaron que acordaron iniciar un proceso de normalización gradual de sus relaciones diplomáticas y consulares, sustentado en una hoja de ruta desarrollada de común acuerdo, tras dos años de ruptura.

La pregunta permanece: ¿cuánto dejamos de hacer durante el tiempo que estuvimos separados?

Esto no es una crítica a un gobierno. Es una crítica a nuestra forma de pensar el Estado. Necesitamos dejar de construir política exterior alrededor del acontecimiento inmediato y pensar a 25, 50 y 100 años.

¿Qué queremos ser? ¿Solo un país que recibe turistas y remesas esperando inversión extranjera? ¿O queremos ser un centro financiero, logístico, energético y tecnológico del Caribe?

La lección

Lo que ocurre con el petróleo venezolano debería ser una clase de geopolítica. EE.UU. piensa en energía. China piensa en infraestructura y materias primas. Europa piensa en energía y seguridad. Las grandes potencias piensan en décadas.

¿Y nosotros? Muchas veces pensamos en las próximas elecciones.

Ellos preguntan: ¿Qué posición queremos ocupar en el mundo dentro de 30 años? Nosotros preguntamos: ¿Qué partido va a ganar las próximas elecciones?

La verdadera integración no debería ser discursos y fotos. Debe significar capital latinoamericano + tecnología latinoamericana + recursos latinoamericanos + mercados latinoamericanos.

Podríamos crear fondos regionales para energía, desarrollar infraestructura conjunta, construir cadenas de producción y negociar juntos con todas las potencias. Podríamos convertir materias primas en productos de mayor valor. Eso es soberanía. No es cerrar puertas. Es entrar al mundo con algo que ofrecer.

Galeano contaba que un cocinero reunió a las gallinas y les preguntó con qué salsa querían ser cocinadas. Una levantó la mano y dijo que no quería ser cocinada. El cocinero le contestó que eso estaba fuera de discusión. A América Latina nos pasa igual: nos invitan a discutir la salsa, pero no si queremos ser el menú.

No necesitamos escoger una potencia. Necesitamos convertirnos en una región con poder.

Tenemos petróleo, gas, minerales, agua, alimentos, biodiversidad, mercados y una posición geográfica extraordinaria. Lo que nos falta no son recursos. Nos falta visión.

EE.UU. acaba de mostrarnos que las grandes potencias piensan en intereses de largo plazo. La pregunta incómoda es: ¿cuándo vamos a empezar nosotros a hacer lo mismo?

Luis Castillo
Luis Castillo
Luis Castillo: es consultor comercial con más de 25 años de experiencia en ventas, mercadeo y desarrollo de negocios. Reside en Massachusetts, Estados Unidos, y escribe artículos de opinión sobre economía, políticas públicas, desarrollo, democracia y el papel de la diáspora dominicana. Sus análisis buscan promover el debate informado y aportar propuestas que contribuyan al fortalecimiento institucional y al desarrollo de la República Dominicana.

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