Estados Unidos.- La reciente caída en los precios del petróleo a nivel internacional ha generado expectativas sobre una posible reducción en el costo de la gasolina para los consumidores estadounidenses. Sin embargo, expertos advierten que dicho alivio no será inmediato y que la volatilidad geopolítica en Oriente Medio mantiene un escenario de incertidumbre.
Inicialmente, el anuncio del gobierno de Estados Unidos sobre un cese al fuego provisional en Irán provocó una disminución significativa en los mercados internacionales del crudo. Esta medida, anunciada por el entonces presidente Donald Trump el martes 7 de abril, buscaba una tregua de dos semanas antes del plazo para la apertura del Estrecho de Ormuz. La expectativa de una normalización en el tránsito de buques petroleros por esta ruta crucial, por donde circula aproximadamente el 20% del suministro mundial de crudo (principalmente hacia Asia), llevó a una caída del petróleo de hasta el 17% (en los referentes Brent y WTI).
A pesar de esta caída inicial, los analistas técnicos advierten que el descenso en el precio del crudo no se traduce de manera inmediata en una disminución en las estaciones de servicio para los consumidores. Los costos acumulados en la cadena de producción y distribución del combustible, así como la lenta reacción del mercado minorista, pueden retrasar este efecto semanas o incluso meses. Históricamente, los precios de la gasolina tienden a subir rápidamente con el aumento del petróleo, pero bajan lentamente cuando el crudo desciende.
La situación en Oriente Medio se complicó rápidamente. La madrugada del miércoles, un ataque del ejército de Israel contra posiciones del grupo Hezbolá en Líbano, pese al cese al fuego provisional, llevó al gobierno de Irán a aplicar un nuevo cierre del Estrecho de Ormuz. Esta acción, argumentando una violación del acuerdo con Estados Unidos, se extendió hasta la mañana del jueves, pese a las insistencias de la Casa Blanca para que Irán cumpliera el pacto.
Estos acontecimientos generaron una profunda volatilidad. Tras la caída inicial del 7 de abril, los precios del petróleo volvieron a subir con fuerza el miércoles debido al nuevo cierre del estrecho. Analistas de Goldman Sachs han advertido que un cierre sostenido de Ormuz, por donde transitan 20 millones de barriles diarios, podría elevar el barril a niveles históricos, con aumentos de hasta el 50% o más. De persistir esta situación, los precios de la gasolina en Estados Unidos podrían superar los $4.50 por galón, impactando significativamente los costos de transporte y alimentos, generando nerviosismo en mercados asiáticos y europeos que consideran la tregua inicial como «precaria».
La razón por la cual la baja del petróleo no se refleja de inmediato en la gasolina radica en la compleja cadena de suministro. Las gasolineras venden combustible adquirido a precios anteriores, lo que limita los ajustes inmediatos. Además, existen contratos y costos logísticos ya establecidos, así como gastos adicionales por transporte y distribución. Este proceso genera un desfase temporal entre los movimientos del mercado internacional y los precios locales. Estimaciones de la Administración de Información Energética (EIA), GasBuddy y la Asociación Americana del Automóvil (AAA) sugieren que los precios al consumidor pueden tardar semanas en ajustarse, en un fenómeno descrito como «los precios suben como cohete y bajan como pluma».
Para las familias estadounidenses, especialmente aquellas que dependen del automóvil para actividades laborales como reparto o construcción, el impacto del precio de la gasolina es inmediato y eleva sus costos diarios, afectando directamente el presupuesto semanal y generando presiones en otros gastos del hogar al incidir en el costo de bienes básicos y transporte. Cualquier reducción, aunque gradual, representaría un alivio significativo.
Los expertos señalan que, para lograr una estabilización duradera en los precios del petróleo y, consecuentemente, de la gasolina, es fundamental que se conjuguen varios factores: la estabilidad en el Estrecho de Ormuz, el comportamiento consistente del precio del petróleo y una respuesta adecuada de refinerías y distribuidores. Si estas condiciones se alinean, un impacto positivo podría comenzar a notarse en un plazo de una a tres semanas, aunque una reducción más significativa podría requerir un período más prolongado. La garantía de una baja sostenida dependerá de que el precio del petróleo se mantenga estable o continúe descendiendo.


