Santo Domingo.- En la actualidad, estacionarse en algunas calles tiene un precio impuesto por particulares, entre la delgada línea que separa la necesidad y la extorsión por la seguridad. El sol de las primeras horas de la media mañana empieza a calentar con intensidad. Inicio un recorrido con un equipo de El Nacional por Santo Domingo, donde hay una queja recurrente: encontrar un estacionamiento libre es un milagro.
Nuestra primera parada lo es el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva. Al llegar al lugar, inmediatamente un hombre con un cartón en las manos nos hace señas energéticas para indicarnos dónde podemos estacionar. Al ver los logos e identificación de la camioneta, desiste.
De ahí seguimos a dar una vuelta por los alrededores del Centro de Obstetricias y Ginecología, Bellas Artes y el Ministerio de Educación en Gascue. El problema es el mismo: las calles atestadas con parqueos doble y los mismos dueños gestionando los espacios para estacionarse.
Lo que comenzó hace años como una actividad de subsistencia con una "propina voluntaria" para cuidar vehículos en la vía pública, se ha transformado hoy en un negocio lucrativo para cientos de parqueadores que viven de este oficio que a veces raya en la extorsión.




