Santo Domingo.-
Para las familias dominicanas, la adquisición de alimentos representa una decisión económica cotidiana, influenciada por la disponibilidad de recursos. En este contexto, tanto los colmados como los supermercados desempeñan funciones diferenciadas pero esenciales.
Los colmados, arraigados en los barrios, constituyen puntos de venta de proximidad para satisfacer necesidades alimentarias básicas e inmediatas, como arroz, azúcar, aceite o pan, sin requerir una planificación anticipada.
A pesar de carecer de la amplitud de productos y la estructuración de un supermercado, los colmados se caracterizan por un trato personalizado. Los clientes son reconocidos, facilitando interacciones cotidianas y funcionando, en ocasiones, como centros de socialización comunitaria.
Su accesibilidad se refuerza por la posibilidad de adquirir productos para el consumo diario y la práctica del «fiao» (crédito informal), un mecanismo fundamental en los sectores de menores ingresos ante limitaciones económicas.
Julio Polanco, residente local, indicó su preferencia por los colmados, si bien también utiliza supermercados, argumentando un mayor rendimiento de su presupuesto en los primeros.
Polanco explicó: “Si me faltan 10 o 15 pesos, los propietarios del colmado me asisten, incluso ofreciéndome fiao. En contraste, en el supermercado, la compra no se completa si el monto no está cubierto íntegramente”.
Asimismo, Polanco añadió que en los supermercados, discrepancias mínimas en el precio pueden resultar en la exclusión de productos de la compra.
“Hasta por un peso te retiran un producto, aunque también adquiero lo esencial allí”, afirmó.
Por otro lado, Dayana Medina, ama de casa, señaló que su dinero rinde más en los supermercados, especialmente durante períodos de promociones.
“Prefiero comprar en el supermercado por la higiene y por las ofertas. El dinero rinde más ahí, pero cuando no hay promociones, la situación cambia”, declaró Medina.
La persistencia del colmado se atribuye en gran medida a la facilidad del fiao, una estrategia de apoyo para numerosas familias con ingresos limitados.
No obstante, los precios en los colmados tienden a ser marginalmente superiores, debido a su menor volumen de compra y la consecuente imposibilidad de acceder a las economías de escala y ofertas de las grandes cadenas.
En contraste, el supermercado brinda una mayor diversidad de productos, mejor organización y precios más competitivos, especialmente en promociones o compras a granel.
Pese a ello, la asistencia frecuente a supermercados puede verse limitada por factores como el transporte o la liquidez monetaria inmediata.
Consecuentemente, un número considerable de familias opta por una estrategia combinada: el colmado para las necesidades cotidianas y el supermercado para compras mayores, siempre que las circunstancias lo permitan.
En conclusión, lejos de ser meros competidores, colmados y supermercados operan como entidades complementarias, donde el primero satisface la urgencia y el segundo facilita el ahorro a través de la planificación.


