Santo Domingo.- En el Ensanche La Fe, las aceras y calzadas han perdido su función original. Diseñados para ser espacios de caminabilidad y tránsito vehicular respectivamente, hoy operan como estacionamientos privados, mostradores comerciales y extensiónes de negocios.
Las aceras, despojadas de su función original por la ocupación desmedida del espacio público, ya no pertenecen a los ciudadanos. Los peatones deben esquivar y saltar obstáculos para avanzar en un entorno hostil.
“Da pena coño a nadie le importa. Ni a los vecinos, ni a los comerciantes ni a las autoridades. Por aquí no se puede caminar a pies ni andar en carro a ninguna hora por este desorden”, expresa Juan Antonio Cabrera, ex residente del barrio.
Transitar a pie por el Ensanche La Fe es adentrarse en un laberinto hostil. Las casas familiares se han transformado en una diversidad de negocios que operan casi en plena vía pública, utilizando el asfalto y las aceras como si fueran extensiones de su propio inmueble.
“Creo que ni a los comerciantes de por aquí, ni a nadie, le importa lo que se diga o se escriba. Todos saben que lo que hacen no está bien, pero si las autoridades no hacen nada, nadie lo hará”, afirma Dennis Martínez, taxista.
En un recorrido realizado por el equipo de El Nacional en la calle Juan Alejandro Ibarra, se evidencio la crisis: vehículos elevados sobre gatos hidráulicos mientras reciben reparaciones mecánicas en plena vía pública y otros estacionados en paralelo, estrangulando el tránsito normal.
Al ser una calle de doble flujo, los conductores se ven obligados a turnarse y alternarse de forma caótica para poder avanzar. La crisis empeora justo al borde del contén donde la acera termina, empieza la ley del más fuerte.
Los frentes de los negocios están blindados por una colección caótica de objetos tácticos: huacales de cervezas, tanques de plástico, latas rellenas de cemento, sillas plásticas, tarimas de madera, gomas inservibles y conos anaranjados. El mensaje es explícito: “no estacionarse”.
Para los conductores ajenos a la zona, encontrar un espacio legítimo para aparcar es una misión imposible. El tejido urbano del Ensanche La Fe colapsa en un cuello de botella perpetuo debido a que las vías habiles de rodamiento quedan reducidas a la mitad por los vehículos mal parqueados.




