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«title»: «La ciencia desentraña la compleja interacción entre genes, ambiente y personalidad»,
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Nueva York.- La pregunta sobre la influencia genética en la personalidad ha cautivado a la ciencia. Un caso judicial en Trieste, Italia, en 2009, ilustró esta controversia cuando Abdelmalek Bayout, condenado por homicidio, vio su pena reducida en un año. Su defensa argumentó la presencia del controversial «gen guerrero», una mutación vinculada al comportamiento agresivo.
Este argumento se basó en investigaciones de la década de 1990 que asociaban una variante del gen monoamino oxidasa A (MAOA) con la violencia. Para 2004, esta variante ya era conocida popularmente como el «gen guerrero».
Sin embargo, la comprensión científica ha evolucionado considerablemente. La profesora asistente de Psiquiatría y Genética de rasgos complejos en Amsterdam UMC, Países Bajos, Aysu Okbay, afirma: «Al principio, la gente pensaba que los comportamientos humanos estaban influidos por unos pocos genes con efectos muy grandes. Eso se ha desacreditado completamente».
En los últimos 15 años, ha surgido una imagen más matizada. Incluso rasgos considerados altamente heredables, como la estatura, han demostrado ser genómicamente más complejos de lo inicialmente previsto. Nuevos métodos para estudios genéticos a gran escala están revelando la intrincada influencia de los genes en la naturaleza humana.
La dicotomía «naturaleza o crianza» fue popularizada por el polímata inglés Francis Galton en 1875, marcando el inicio de los estudios de rasgos en gemelos. Estos estudios, que se perfeccionaron en la década de 1920 al comparar gemelos idénticos (100% de ADN compartido) con fraternos (solo el 50%), han sido fundamentales para investigar la personalidad.
Actualmente, los científicos coinciden en que la personalidad se compone de los «cinco grandes rasgos»: apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo. La herencia de estas dimensiones ha sido objeto de extensas investigaciones con gemelos.
Un metaanálisis exhaustivo de 2015, que abarcó más de 2.500 estudios con gemelos y casi 18.000 rasgos humanos complejos, confirmó que los gemelos idénticos son más similares que los fraternos, pero sus personalidades no son idénticas. Para los 568 rasgos relacionados con el temperamento, el estudio atribuyó el 47% de las diferencias a factores genéticos, mientras que el resto se explicó por influencias ambientales. Otras investigaciones sugieren que entre el 40% y el 50% de las diferencias de personalidad tienen un componente genético.
Hacia 2010, los avances genéticos abrieron nuevas vías. El genoma humano, con 23 cromosomas y aproximadamente 20.000 genes, es enormemente complejo, conteniendo unos tres mil millones de «pares de bases». A pesar de que los humanos compartimos el 99,9% de nuestro ADN, el diminuto 0,1% restante explica nuestras diferencias, implicando millones de pares de bases por analizar. La identificación de las fuentes genéticas de estas diferencias ha sido un desafío.
En los últimos 15 años, los estudios de asociación del genoma completo (GWAS) han experimentado un auge, analizando millones de variantes genéticas para identificar asociaciones con rasgos de personalidad.
Inicialmente, los GWAS tuvieron dificultades. Actualmente se comprende que los rasgos humanos son «poligénicos», influenciados por muchas variaciones genéticas distintas, cada una con un efecto mínimo que, en conjunto, se distribuye a lo largo del genoma. Para rasgos complejos como la personalidad, estos efectos pueden estar presentes en miles de variantes de ADN.
Sin embargo, incluso al combinar diversas variantes de ADN, los efectos sobre la personalidad siguen siendo menores de lo esperado. Las estimaciones actuales de heredabilidad oscilan entre el 9% y el 18% para los «cinco grandes rasgos», considerablemente por debajo del 40% sugerido por los estudios de gemelos. Esta «heredabilidad faltante» es un enigma.
La doctora Aysu Okbay sugiere que el valor real «probablemente esté en algún punto intermedio» entre las estimaciones de estudios con gemelos y los GWAS, y que aumentar el número de participantes y mejorar el diseño de los estudios podría revelar efectos genéticos más robustos.
Si la influencia de la «naturaleza» es menor de lo estimado, la «crianza» o el entorno emergen como factores cruciales. No obstante, comprender cómo el ambiente moldea la personalidad es igualmente complejo. Contrario a la intuición, eventos vitales puntuales como ganar la lotería o sufrir una amputación tienen un impacto prácticamente insignificante en la esencia de la personalidad, según reiteran los estudios. Las interacciones sociales y la forma en que se cría a un individuo también explican solo una fracción de las diferencias.
Si bien la exposición a ciertos tipos de trauma durante la infancia se ha relacionado con psicopatologías y neuroticismo, las adversidades experimentadas en la edad adulta parecen tener consecuencias mucho menores. «Un gran evento traumático en la edad adulta no deja una huella tan profunda», afirma Brent Roberts, profesor de Psicología en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, Estados Unidos.
Investigaciones específicas, como el estudio de Daniel Levey, sugieren una fuerte conexión entre el gen CRHR1 (asociado a la regulación del estrés) y el neuroticismo en los tejidos del sistema nervioso, un rasgo también ligado a trastornos psiquiátricos como la depresión y la ansiedad. Otro estudio, pendiente de revisión por pares, sugiere que la personalidad podría originarse en la corteza prefrontal del cerebro, desafiando teorías sobre el papel predominante de la dopamina en rasgos como la extraversión.
Aun así, persisten muchas limitaciones e incógnitas. La relación entre la violencia y el «gen guerrero», por ejemplo, es compleja e inconclusa, aunque algunos estudios sugieren que la interacción de ciertos genes con entornos abusivos podría aumentar la probabilidad de comportamientos violentos en hombres. Los intentos de simplificar el comportamiento humano a pocos genes o eventos puntuales han demostrado la «gran plasticidad de la condición humana», según Jana Instinske, quien enfatiza que una predisposición genética no dictamina un comportamiento inmutable a lo largo de la vida.
Un campo emergente explora la «programación fetal», donde el estrés materno durante el embarazo podría influir en el temperamento del feto. Un estudio de 2022 halló que bebés de madres con mayor fluctuación de estrés exhibían más miedo y angustia a los tres meses, posiblemente a través de mecanismos epigenéticos. Los investigadores concluyen que las diferencias de personalidad son «poliambientales» y «poligénicas», donde múltiples experiencias vitales y variantes genéticas interactúan de formas aún no completamente comprendidas, activando o desactivando predisposiciones genéticas, como señala Instinske.
A pesar de la complejidad, los científicos avanzan con los GWAS a gran escala, que ahora analizan datos genéticos de cientos de miles o incluso millones de personas a la vez. La doctora Aysu Okbay subraya que «con tantos efectos pequeños, necesitas muestras realmente grandes para poder detectarlos».
En la última década, se han identificado cientos de variantes de ADN asociadas con cada uno de los «cinco grandes rasgos». Daniel Levey destaca la necesidad de incluir más participantes de ascendencia no europea para capturar importantes diferencias culturales, reconociendo que aún queda mucho por comprender sobre cómo las variaciones genéticas influyen en la personalidad.
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«descripcion corta para instagram»: «La ciencia profundiza en cómo nuestros genes y el ambiente moldean la personalidad. Desde el controversial ‘gen guerrero’ hasta la influencia del estrés prenatal, la imagen que emerge es mucho más compleja de lo que se creía. Descubre los últimos hallazgos sobre la \»heredabilidad faltante\» y la interacción entre naturaleza y crianza.\n\nAmplia esta y otras informaciones en nuestra pagina web: wwww.sumandoxmas.com #Genetica #Personalidad #NaturalezaYCrianza #Ciencia #Psicologia #ADN #Investigacion»
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