WASHINGTON.- El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) han iniciado esta semana sus reuniones de primavera, enfrentando la compleja tarea de proyectar el futuro económico global en medio del incierto desenlace del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán. La situación se agrava por un mes y medio de cierre del estratégico estrecho de Ormuz, a pesar de una tregua en curso.
Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), advirtió el pasado jueves que los bancos centrales «deben estar preparados» para un posible aumento de los tipos de interés y un endurecimiento de sus políticas monetarias si la guerra contra Irán genera presiones inflacionarias significativas, un efecto que ya se percibe en las cadenas de suministros.
Georgieva adelantó que las previsiones de crecimiento global contenidas en el próximo Informe de Perspectiva Económicas Mundiales, que se publicará mañana martes, serán revisadas a la baja debido al conflicto en Oriente Medio.
La directora gerente señaló que, antes del estallido del conflicto el 28 de febrero, la economía global había mostrado una notable resistencia frente a la agresiva política comercial estadounidense y se veía impulsada por una fuerte inversión en el sector de la inteligencia artificial (IA). Sin embargo, el impacto del cierre del estrecho de Ormuz «lastrará irremediablemente el PIB mundial».
En un comunicado conjunto emitido hoy por el FMI, el BM y la Agencia Internacional de la Energía, los organismos enfatizaron que «el impacto de la guerra es sustancial, global y muy asimétrico, afectando de manera desproporcionada a los importadores de energía, en particular a los países de bajos ingresos. El shock ha provocado un aumento de los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes, lo que también ha generado preocupaciones sobre la seguridad alimentaria y la pérdida de empleos».
Georgieva afirmó que la magnitud del impacto macroeconómico del conflicto dependerá de la solidez del “aparentemente endeble” alto el fuego acordado la semana pasada entre Washington y Teherán. A esto se suma la falta de acuerdo tras 21 horas de negociaciones en Pakistán entre enviados del presidente estadounidense, Donald Trump, y representantes de Teherán, las cuales concluyeron sin avances y con ambas partes enrocadas en sus líneas rojas.
Las reuniones de esta semana, que congregarán a ministros de Finanzas y Economía de varios países, incluidos los miembros del G7 y el G20, servirán para analizar el alcance del shock energético y sus posibles ramificaciones en materia de política monetaria, fiscal o flujos financieros.
Estas conversaciones se desarrollan con el estrecho de Ormuz todavía cerrado al tráfico mercante, de crudo y de gas, una situación que continúa generando gran nerviosismo y que se suma a otras perturbaciones como la guerra arancelaria de Trump.




