COPENHAGUE.- El juzgado de Ångermanland, en el norte de Suecia, ha dictaminado este martes una sentencia contra un hombre de aproximadamente 60 años que fue condenado a cuatro años y cinco meses de prisión por haber comercializado durante tres años los servicios sexuales de su esposa con decenas de hombres.
La sentencia incluye cargos por proxenetismo agravado, intento de violación, seis casos de maltrato y seis amenazas. Además, el acusado deberá indemnizar a la víctima con 200,000 coronas suecas, equivalentes a unos 18,370 euros.
El caso ha causado gran impacto en Suecia y ha sido comparado con el de Gisèle Pelicot, cuyo esposo fue condenado en Francia por facilitar agresiones sexuales contra ella durante varios años mientras permanecía bajo efectos de sustancias.
Según la decisión judicial, fue el hombre quien tomó la iniciativa para que la mujer comenzara a vender sexo y gestionó una parte importante del negocio. El tribunal ha concluido que el acusado promovió y organizó la actividad de explotación sexual de su esposa, administrando gran parte de las operaciones y los contactos con los clientes.
La investigación determinó que el acusado influyó para que la víctima realizara actos sexuales, los transmitiera por internet y recibiera a compradores de servicios sexuales, además de intentar involucrar a vecinos y clientes en encuentros con ella. La causa derivó también en la condena de 28 personas por compra de servicios sexuales, dos de las cuales recibieron penas de prisión.
Inicialmente, la investigación alcanzó a cerca de 120 sospechosos. Sin embargo, la mayoría no fue procesada debido a que los delitos habían prescrito conforme a la legislación sueca, que establece un límite de dos años para este tipo de infracciones.
Aunque la Fiscalía presentó ocho acusaciones por violación, el tribunal absolvió al hombre de esos cargos. En siete de los casos no pudo demostrarse que la participación de la víctima fuera involuntaria, mientras que en el restante no se logró determinar con precisión el tipo de acto sexual ocurrido.
Los jueces señalaron que no quedó plenamente acreditado que todas las acciones de la mujer se realizaran bajo coacción, apoyándose en conversaciones presentadas durante el juicio y en la imposibilidad de que la víctima detallara algunos hechos específicos.
Durante el proceso judicial, el acusado negó todas las imputaciones y aseguró que únicamente ayudaba a su esposa a desarrollar una actividad que, según él, ella deseaba ejercer, limitándose a tareas administrativas. No obstante, medios suecos revelaron que el hombre había sido condenado anteriormente por delitos de maltrato y coerción.
Además, estuvo vinculado en el pasado a la organización de motociclistas conocida como Hells Angels, conocida en español como “Ángeles del Infierno”. Asimismo, hace dos años ya había sido investigado por presuntos abusos contra su esposa, aunque aquel expediente fue archivado sin llegar a juicio.
La sentencia vuelve a poner en el centro del debate europeo la problemática de la explotación sexual, la violencia de género y los mecanismos de protección a las víctimas. El paralelismo con el caso Pelicot ha generado una fuerte reacción pública y un renovado llamado a fortalecer las herramientas legales para combatir este tipo de delitos.




