NUEVA YORK.- En el contexto de la economía inflacionaria de 2026, la crianza de hijos en la ciudad de Nueva York representa un desafío considerable para las madres latinas e inmigrantes.
Una proporción considerable de madres latinas en la Gran Manzana no solo ocupa puestos laborales fuera del hogar, sino que desempeñan roles esenciales para la operatividad de la ciudad. Sin embargo, diversos informes recientes señalan que, ante la presión de la economía inflacionaria, este sector poblacional percibe remuneraciones cada vez más reducidas. Durante el año 2026, se ha evidenciado que quienes laboran en el cuidado de adultos mayores y menores, en servicios de limpieza corporativa y doméstica, o en diversos sectores de la industria de la hospitalidad, perciben ingresos que resultan insuficientes para cubrir el elevado costo de vida en la ciudad.
La conclusión de diversos reportes académicos es que Nueva York se ha convertido en un entorno hostil para la crianza, donde ser madre de clase trabajadora es sinónimo de una lucha diaria por la supervivencia económica.
Rosy Pagano, colombiana de 35 años y residente de Queens, es madre soltera. Trabaja como niñera en Manhattan y, para complementar sus ingresos, ocasionalmente labora en eventos como mesera los fines de semana. A pesar de su esfuerzo constante por encontrar trabajos adicionales, confiesa que le resulta muy difícil llegar a fin de mes.
“Hay cosas que siempre tienes que sacrificar. Una vez que pagas la renta, en donde se te va más de la mitad del ingreso, debes tomar decisiones. Yo cuido un niño precioso desde hace dos años. Y a veces siento que, aun con mi esfuerzo, no puedo darle todo lo que quisiera a mis dos hijas”, compartió la neogranadina.
Rosy, a diferencia de miles de mujeres, cuenta con el apoyo de su madre para el cuidado de sus hijas.
“Si las niñas no contaran con su abuela, de verdad que no tengo la menor idea qué podría hacer. Yo llegué aquí muy niña y creo que para mi mamá fue más fácil hace 25 años hacerle frente a los gastos de esta ciudad. A este ritmo del costo de la vida, yo dudo que pueda mantenerme aquí por muchos años. Ese sueño americano se terminó”, reiteró.
Numerosos informes e investigaciones académicas confirman que para una madre neoyorquina de la clase trabajadora, sobrevivir en la ciudad de Nueva York implica un camino de esfuerzo intenso y largas horas de trabajo.
En resumen, varios datos confirman que Nueva York es funcional en diversas áreas debido a que 2,15 millones de mujeres trabajan, pero una gran parte de ellas vive en un estado de «inseguridad económica estructural», donde un solo imprevisto médico o un aumento de alquiler las puede situar por debajo del umbral de la pobreza.
La Comisión de Equidad de Género de la Ciudad de Nueva York (CGE), en su informe de 2025, subraya que la economía de Nueva York depende de que las mujeres realicen un trabajo de cuidado (no remunerado o mal remunerado) que les impide finalmente vivir de manera medianamente holgada.
En general, las mujeres de color tienen más probabilidades de trabajar a tiempo parcial debido a la falta de acceso a cuidado infantil asequible, lo que reduce sus ingresos anuales y su seguridad social a largo plazo.
Las mismas trabajadoras, en su mayoría madres inmigrantes, que permiten que Nueva York sea una capital global de productividad, viven a menudo en la precariedad, enfrentando problemas de transporte (largos viajes en el Subway) y falta de acceso a los mismos servicios de cuidado que ellas proveen.
“Es un trabajo triple para nosotras las madres. Cuidamos a ancianos, cuidamos a nuestros propios padres y, a la vez, debemos estar muy pendientes de que en una ciudad donde hay tantos vicios y problemas, nuestros hijos no se vayan por un mal camino. Tienes que buscar el dinero. Pero, a la vez, no puedes estar al 100% del día metiéndole el ojo a tus hijos, que cuando son adolescentes es una lotería que no terminen en malas cosas. Más aún si vives en ciertos barrios”, comenta Lourdes Rosales, una madre dominicana que vive desde hace cinco años en El Bronx.
Lourdes relata que, después de la pandemia, tuvo que dejar Inwood en el Alto Manhattan debido a un aumento en la renta. Por razones económicas, se vio obligada a mudarse al sur del condado de la salsa.
“Donde vivía antes tenía mejores escuelas y era como más tranquilo. Pero tuve que buscar un sitio más barato y eso significa que el riesgo es más alto, porque no es que esté rodeada de gente muy buena. Pero toca seguir adelante. Salir a trabajar y estar más pendiente de mis hijos. Es un reto. A mi generación, sin dudas, le tocó más duro que a mis padres”, contó la quisqueyana.
Un informe reciente de la Corporación para el Desarrollo Económico de la Ciudad de Nueva York (NYCEDC), basado en datos sobre la fuerza laboral femenina en la ciudad de Nueva York, concluye que las mujeres trabajadoras impulsaron casi por completo el crecimiento de la histórica tasa de participación laboral de la ciudad.
Sin embargo, existe una persistente y creciente brecha salarial de género. El 57% de las mujeres están trabajando o buscando empleo activamente, cuatro puntos porcentuales más que en 2019. Este aumento se produjo mientras la participación laboral masculina aún no regresa a los niveles de la prepandemia.
Actualmente, las mujeres representan cerca de la mitad de toda la fuerza laboral de la ciudad, la cifra más alta en la historia de Nueva York.
No obstante, el informe advierte que, pese al progreso, las mujeres en Nueva York continúan ganando mucho menos que los hombres, y la brecha salarial se ha ampliado desde la pandemia.
“Estas desigualdades salariales están impulsadas por dos tipos de segregación ocupacional. Muchas mujeres se concentran en empleos de bajos salarios, fenómeno conocido como segregación horizontal. Al mismo tiempo, incluso dentro de los mismos sectores, muchas mujeres ganan menos que los hombres, una situación identificada como segregación vertical”, explica el reporte titulado “Las Mujeres en la Fuerza Laboral de NYC”.
Un nuevo informe elaborado por el Center for Women’s Welfare para el Fund for the City of New York revela que casi la mitad de los hogares en edad laboral de la Ciudad de Nueva York no gana lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas, incluso cuando muchos de ellos están por encima de la línea oficial de pobreza.
El estudio, titulado “Overlooked & Undercounted in New York City 2026”, utiliza la métrica denominada “True Cost of Living” (Costo Real de Vida), un indicador que calcula cuánto necesita realmente una familia para cubrir gastos esenciales como vivienda, alimentos, cuidado infantil, transporte, salud e impuestos sin depender de ayudas públicas o privadas.
Uno de los hallazgos más dramáticos afecta a las madres solteras. El estudio señala que el 86% de las madres solteras con hijos pequeños vive por debajo del “True Cost of Living”, convirtiéndolas en el grupo más vulnerable de toda la ciudad.
El estudio también muestra cómo el costo real de vivir en Nueva York se ha disparado en las últimas décadas. Entre 2000 y 2026, el ingreso necesario para que una familia tipo con dos adultos y dos hijos cubra sus necesidades básicas aumentó entre 120% y más de 200% dependiendo del condado. En el noroeste de Brooklyn, el incremento supera el 213%.
El cuidado infantil se presenta como el principal factor de presión económica para las madres con hijos. Para una familia con un niño en edad preescolar y otro escolar en su condado como Queens, el costo anual de cuidado infantil supera los 33 mil dólares.
Otra conclusión contundente es que el 46% de los hogares neoyorquinos en edad laboral vive por debajo del costo real de vida. De ellos, solo un 15% aparece oficialmente bajo el umbral federal de pobreza. El otro 31% corresponde a familias que técnicamente no son consideradas pobres, pero cuyos ingresos siguen siendo insuficientes para sostenerse en la ciudad.
El informe sostiene que las estadísticas tradicionales de pobreza ya no logran capturar la verdadera dimensión de la crisis económica urbana en Nueva York. Según los autores, el costo de vida ha crecido mucho más rápido que los ingresos y que las propias métricas federales utilizadas para definir pobreza.
Una conclusión central adicional es que para una madre, trabajar ya no garantiza estabilidad económica en Nueva York. Más del 80% de los hogares que no alcanzan el costo real de vida tiene al menos una persona empleada. Incluso entre hogares con dos o más trabajadores, casi un tercio sigue sin generar ingresos suficientes para cubrir necesidades básicas.
La falta de acceso a guarderías y servicios de cuidado infantil se ha convertido en uno de los principales motores de pobreza y exclusión laboral para las mujeres en la Ciudad de Nueva York, según un estudio actualizado realizado por la Robin Hood Foundation y el Center on Poverty and Social Policy de la Universidad de Columbia.
El informe, titulado “Childcare Hardship in NYC”, advierte que para miles de madres trabajadoras, especialmente madres solteras, el costo del cuidado infantil ha transformado el empleo en una ecuación económicamente insostenible.
En muchos casos, las familias destinan hasta una cuarta parte de sus ingresos al cuidado de sus hijos, obligando a las mujeres a escoger entre conservar sus empleos o garantizar condiciones seguras para sus niños.
Los investigadores describen el fenómeno como una nueva forma de precariedad urbana: personas que trabajan, pero que aun así no logran sostener los costos básicos necesarios para participar plenamente en la economía de la ciudad.
El estudio introduce, además, una medición específica sobre “childcare hardship” o “dificultad severa” relacionada con el cuidado infantil. El concepto no se limita únicamente a no poder pagar una guardería, sino que incluye familias que deben reducir horas de cuidado, abandonar servicios formales o recurrir a arreglos que consideran inestables, inseguros o insuficientes.
Los datos muestran que el problema golpea con especial fuerza a las madres solteras y a las comunidades afroamericanas, identificadas por el informe como los grupos más vulnerables dentro de la crisis del cuidado.
El impacto también se traduce directamente en inestabilidad laboral. El reporte concluye que las madres que sufren interrupciones frecuentes en el cuidado infantil tienen 1.5 veces más probabilidades de enfrentar crisis económicas severas, como inseguridad alimentaria o dificultades para pagar vivienda.


