Nueva York.- El Departamento de Sanidad de la Ciudad de Nueva York (DSNY) ha reanudado la imposición de multas a los edificios residenciales que no cumplan con el programa obligatorio de compostaje Curbside Composting. Este sistema exige la separación de restos de comida y desechos de jardín del resto de la basura. Las sanciones, efectivas desde el 1 de enero de 2026, marcan un nuevo capítulo en la política de gestión de residuos orgánicos de la ciudad.
El programa, que inicialmente aplicó multas de forma breve en abril de 2025, fue suspendido por el entonces alcalde Eric Adams menos de tres semanas después de su implementación. En aquel momento, se argumentó la necesidad de dar más tiempo a los edificios para adaptarse a la normativa. Diez meses después, bajo el impulso de una política más estricta por parte de la administración municipal, el DSNY ha retomado la aplicación de estas medidas a nivel de toda la ciudad.
Vincent Gragnani, portavoz del departamento, confirmó a medios locales que “desde el 1 de enero hemos estado aplicando la ley de manera generalizada, no solo a los reincidentes de alta densidad como hicimos durante gran parte de 2025”. Hasta el 10 de febrero, la agencia había emitido 414 citaciones a edificios por no separar adecuadamente residuos orgánicos. Esta cifra podría haber sido mayor de no ser por las tormentas de nieve y las temperaturas bajo cero que obligaron al DSNY a redoblar esfuerzos en la remoción de nieve y la recolección de basura.
Las multas por no colocar los contenedores marrones de compostaje oscilan entre $50 dólares por la primera infracción y $200 por la tercera y subsiguientes. En el caso de separar incorrectamente los residuos, por ejemplo, arrojar basura común en el contenedor de orgánicos, las sanciones varían según el tamaño del edificio. Las propiedades con nueve unidades o más enfrentan penalidades más elevadas que las construcciones más pequeñas.
Las autoridades reiteran que el objetivo principal no es recaudatorio, sino ambiental. El programa busca disminuir la cantidad de residuos orgánicos que terminan en vertederos, donde generan metano, un potente gas de efecto invernadero con un alto impacto en el calentamiento global.
Aunque los contenedores marrones se han vuelto parte habitual del paisaje urbano en Manhattan y otros distritos, la participación inicial fue baja. Un análisis de Samantha MacBride, profesora asociada en Baruch College y exfuncionaria del DSNY durante casi 20 años, reveló que en el otoño de 2024, la tasa de captura (porcentaje de residuos orgánicos efectivamente separados) era inferior al 5%. No obstante, el breve periodo de aplicación de multas en la primavera de 2025 tuvo un efecto notable, duplicando esta tasa a aproximadamente el 10% tras la emisión de más de 4,000 infracciones en abril de ese año.
Un hallazgo llamativo de la investigación de MacBride fue que no necesariamente la cantidad de multas determinó la mejora, sino la percepción de que la normativa se estaba aplicando. “La conciencia sobre la fiscalización, más que las multas en sí mismas, impulsó el aumento en la participación”, concluyó la académica.
El nivel de participación varía considerablemente según el vecindario. Manhattan, en general, presenta tasas más bajas que otros distritos. Sin embargo, el Upper West Side se posicionó como una excepción positiva, con una tasa de captura del 13.5% en la primavera de 2025, superando ampliamente el promedio del borough. Aunque no hay datos públicos más recientes sobre la tasa específica de captura en el área, las cifras oficiales del portal Open Data muestran una tendencia al alza en el volumen total recolectado. En octubre de 2024, cuando comenzó el programa residencial, el Upper West Side generó 129 toneladas de compost. Para diciembre de 2025, esa cifra había aumentado a más de 318 toneladas mensuales.
Para MacBride, el cumplimiento sostenido no depende únicamente de la fiscalización. La experta sostiene que se requiere una estrategia más focalizada de educación y acercamiento comunitario. “Cada distrito comunitario es también un distrito de saneamiento y tiene su propio garaje. Los trabajadores conocen íntimamente sus zonas porque están allí todos los días”, explicó, sugiriendo que aprovechar ese conocimiento local podría ser clave para diseñar campañas más efectivas. El DSNY asegura que ya implementa diversas estrategias de divulgación, incluyendo redes sociales, reuniones con administradores y superintendentes de edificios, además de advertencias previas a la imposición de multas.
Gragnani señaló: “Sabemos que aumentar la participación lleva tiempo. Seguimos recordando a los neoyorquinos que el compostaje es obligatorio y extremadamente simple: basta con sacar los restos de comida y desechos de jardín en un contenedor el mismo día del reciclaje”.
El programa no solo apunta a reducir emisiones contaminantes. Los residuos orgánicos recolectados se procesan para convertirse en abono rico en nutrientes destinado a parques y jardines, o se envían a instalaciones de tratamiento donde se transforman en gas natural renovable. Este recurso puede contribuir a diversificar la matriz energética y, potencialmente, aliviar costos energéticos a largo plazo.
Expertos coinciden en que el verdadero éxito del programa dependerá de cambiar hábitos cotidianos. Separar cáscaras de frutas, restos de café o alimentos vencidos puede parecer un gesto pequeño, pero multiplicado por millones de hogares tiene un impacto significativo en la reducción de residuos y emisiones. Con la reanudación de multas en 2026, la ciudad deja claro que el compostaje ya no es opcional. Para los edificios residenciales de Nueva York, adaptarse no solo evitará sanciones económicas, sino que también contribuirá a una estrategia ambiental que busca posicionar a la ciudad como referente en gestión sostenible de residuos.




