Washington.- La Administración del presidente Donald Trump ha redoblado la presión sobre Brasil al amenazar al país con nuevos aranceles y designar como grupos terroristas a bandas criminales brasileñas, en plena pugna electoral entre el candidato Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro.
En menos de un mes, Trump ha recibido en la Casa Blanca tanto a Lula como al senador Bolsonaro, hijo del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2022), convirtiéndose así en un actor clave para las elecciones presidenciales brasileñas del próximo 4 de octubre. Sin embargo, su objetivo último no está claro.
"Es difícil entender la estrategia de Estados Unidos hacia Brasil, si es que la tiene", explica a EFE Benjamin Gedan, director del Programa de América Latina del centro de estudios Stimson. "Hace apenas unos días, Trump mantuvo un encuentro cálido con Lula en la Casa Blanca, pero ahora parece estar priorizando nuevamente su apoyo a la oposición conservadora", agregó.
Esta no es la primera vez que el presidente estadounidense se inmiscuye en los asuntos internos de Brasil. El año pasado intentó sin éxito frenar el proceso judicial contra el expresidente Bolsonaro, su aliado ideológico, condenado a 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado contra Lula.
La Administración republicana impuso entonces elevados aranceles a las importaciones brasileñas, pero reculó tras una negociación abierta con el Gobierno de Lula. Trump conoció casualmente al exmandatario en septiembre pasado en los pasillos de la Asamblea General de la ONU y dijo sentir que había "química".
El 7 de mayo, Trump recibió por primera vez a Lula en la Casa Blanca, una reunión que ambos calificaron como satisfactoria. Sin embargo, el 26 de mayo se reunió inesperadamente con Flávio Bolsonaro, quien buscaba relanzar su campaña presidencial, lastrada por sus vínculos con un banquero envuelto en un caso de corrupción.
Bolsonaro hijo salió exultante del encuentro porque, a su regreso a Brasil, Estados Unidos anunció que designaba como grupos terroristas a las bandas PCC y Comando Vermelho, algo que él solicitó personalmente a Trump para mostrar mano dura contra el crimen. Sin embargo, Lula se opuso por considerar que esto abre la puerta a una intervención militar estadounidense en territorio brasileño.
"No aceptamos ser tratados como niños, como una republiquita", respondió Lula.
Una semana después de la reunión con Bolsonaro, la sombra arancelaria que parecía haber alejado vuelve a cernirse sobre las importaciones brasileñas. La Representación Comercial de Estados Unidos (USTR) planteó el lunes la posibilidad de imponer un 25 % de aranceles al país suramericano por supuestas prácticas desleales.
La investigación sobre Brasil, amparada en la llamada Sección 301, abre un periodo hasta el 15 de julio para intentar un acuerdo con Brasil antes de avanzar hacia sanciones formales. Bruna Santos, directora del Programa de Brasil en el laboratorio de ideas Diálogo Interamericano, dijo a EFE que ambas decisiones "no están coordinadas". La designación de los grupos terroristas sí se aceleró por la petición de Bolsonaro, pero la investigación comercial ya estaba en marcha y se esperaba que hubiera una decisión en junio.
Lula no tardó en culpar a su rival por la nueva amenaza arancelaria y lo acusó de "traidor", mientras que Bolsonaro se defendió al afirmar que en su visita a la Casa Blanca pidió explícitamente que no se castigara a las empresas brasileñas.
Para Santos, no cabe duda de quién sale ganando: "Esto beneficia a Lula porque Bolsonaro quedará vinculado a la decisión de USTR".




