Santo Domingo.- El arquitecto urbanista Ángel Sosa ha señalado que la recurrencia de inundaciones urbanas en el Gran Santo Domingo es una consecuencia directa de la falta de regulación del uso del suelo, la expansión de viviendas en zonas no aptas para la urbanización y una gestión institucional fragmentada. Sosa propone transformar las cañadas en parques lineales drenantes como solución a los riesgos.
Cada episodio de lluvia en la capital dominicana expone las debilidades acumuladas por un crecimiento territorial desordenado, una planificación urbana insuficiente y una gestión institucional fragmentada.
Según Sosa, la raíz principal del problema de drenaje urbano en el Gran Santo Domingo no puede desvincularse del ordenamiento territorial, que ha propiciado la falta de regulación efectiva del uso del suelo y la expansión de asentamientos en áreas no aptas para la urbanización.
“Es fundamental aplicar las leyes y normativas de manera coercitiva y responsable”, afirmó el exdirector de la Escuela de Urbanismo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Sosa recalcó que Santo Domingo enfrenta un problema estructural de inundaciones por lluvias intensas, lo que describe como “la manifestación de un modelo urbano deficiente” más que un simple fenómeno climático.
Para Sosa, una planificación urbana adecuada debe incluir la restricción de construcciones en zonas inundables, la recuperación de las cañadas como corredores ecológicos, el establecimiento de zonificaciones basadas en riesgos y la promoción de la reubicación de asentamientos vulnerables. Sin estas medidas, cualquier intervención técnica resultará “insuficiente y temporal”.
El profesional destacó la necesidad de un cambio de paradigma en el urbanismo contemporáneo, pasando de la evacuación a la gestión integral del agua urbana. “Esto implica entender la ciudad como un sistema capaz de absorber, almacenar, infiltrar y reutilizar el agua de lluvia”, explicó Sosa.
En este sentido, modelos como la “ciudad esponja” proponen integrar la naturaleza en el diseño urbano para reducir la presión sobre las infraestructuras tradicionales. Resaltó que, históricamente, las cañadas han sido tratadas como elementos marginales del sistema urbano.
Sin embargo, desde una perspectiva urbana contemporánea, las cañadas pueden transformarse en infraestructuras estratégicas si se recuperan y se convierten en parques lineales drenantes.
Esta modalidad no solo permitiría canalizar el agua de manera controlada y reducir el riesgo de inundaciones, sino también generar espacios públicos integradores y revalorizar el entorno urbano.
“Este enfoque transforma un problema estructural en una oportunidad para mejorar la ciudad”, afirmó Sosa. Sin embargo, el urbanista identificó uno de los mayores obstáculos para resolver el problema del desagüe en Santo Domingo: la fragmentación institucional, donde “múltiples entidades con competencias superpuestas dificultan la planificación y ejecución de soluciones coherentes”.
Para superar este desafío, Sosa propuso la coordinación interinstitucional efectiva, el desarrollo de planes metropolitanos integrales de drenaje, el mantenimiento continuo de las infraestructuras y una inversión centrada en la prevención, no en la reacción. Concluyó que “sin una gobernanza adecuada, incluso las mejores estrategias urbanas están destinadas al fracaso”.




