ROMA.- El cierre del estratégico Estrecho de Ormuz podría desencadenar una crisis económica de mayor magnitud que la causada por la COVID-19 si se prolonga más de dos meses, debido al «efecto cascada» en el encarecimiento del precio de los alimentos. Así lo advierte Máximo Torero, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
En una entrevista con la agencia EFE en Roma, desde la sede de la FAO, Torero subrayó: «Si el Estrecho de Ormuz permanece cerrado entre 30 y 60 días más, las consecuencias en la producción y los precios de los alimentos pueden ser más serias que la crisis que se vivió durante la pandemia del COVID-19, si no tenemos cuidado».
El conflicto en Oriente Medio, y particularmente el posible cierre del Estrecho de Ormuz, ya está impactando los precios globales de los alimentos. Por este vital enclave transita el 35 por ciento del petróleo mundial, entre el 20 y 30 por ciento del total de los fertilizantes, el 20 por ciento del gas natural y el 45 por ciento del sulfuro.
Estos insumos son considerados imprescindibles para la agricultura y la producción de alimentos a escala global.
El último índice de precios de los alimentos de la FAO, difundido hoy, registró un promedio de 128,5 puntos en marzo, lo que representa un aumento del 2,4 % respecto a febrero y un uno por ciento más en comparación con el mismo mes de 2025.
Durante el primer mes de conflicto, los fertilizantes se han encarecido un 50 por ciento. Esta situación afecta especialmente a países en periodo de siembra que se ven obligados a adquirir suministros más caros. Entre ellos se encuentran Bangladesh, India y Sri Lanka en Asia, y Sudán y Kenia en África.
Según la FAO, estos países son los que presentan «mayor emergencia» actualmente debido a la subida de los costos de los fertilizantes.
Si el conflicto se prolonga, las repercusiones comenzarán a afectar a grandes exportadores de alimentos como Brasil, Argentina, Estados Unidos y Australia. Sus sectores productivos, enfrentados a la subida de precios y los bajos márgenes actuales, se verán forzados a tomar decisiones críticas.
«Estos son países que sí marcan la oferta mundial de alimentos», enfatizó el alto funcionario de la FAO, quien advirtió que decisiones como cultivar lo mismo con menos insumos, sembrar menos o cambiar a cultivos menos intensivos, son factores cuyos efectos sobre los precios se percibirán a mediados y finales de este año.
Al potencial cierre del Estrecho de Ormuz se suman otros factores preocupantes, como los ataques a plantas de energía y desalinizadoras. Torero recordó que esto provocará una recuperación económica más lenta si el conflicto persiste. Otra variable significativa es la desaparición de la demanda de alimentos por parte de los países del Golfo, importantes importadores.
El experto de la FAO resumió que, si el conflicto se prolonga más de 60 días, la productividad de 2027 se verá afectada: «Mientras más países caigan en esa cascada, peor va a ser la situación para el próximo año».
Aunque los productores son los primeros en sentir los efectos de la guerra, el economista jefe de la FAO alertó que los ciudadanos lo notarán en sus bolsillos a finales de año.
«No nos damos cuenta de la magnitud de lo que esto puede ser», indicó Torero, quien, no obstante, abogó por no generar pánico ni incertidumbre.
«Hay reservas de alimentos. Pero hay un problema de costos de insumos que hay que solucionar rápidamente. Y la solución en este caso es abrir el Estrecho de Ormuz», urgió.
De esta crisis también se extraen lecciones, entre ellas, la ventaja de que el mix energético global se haya diversificado en los últimos tiempos. «Hace diez años el impacto hubiera sido muchísimo mayor».
A su juicio, es fundamental aumentar la resiliencia y diversificar las fuentes, también en el caso de los fertilizantes: «Es el momento de invertir en agricultura sostenible y con distintas fuentes de energía e insumos», concluyó el economista jefe de la FAO.


