Estados Unidos.- El gasto de las familias en Estados Unidos se incrementó un 4.3% en marzo de 2026, marcando el mayor aumento desde 2023. Sin embargo, este crecimiento no se traduce en una mejora del poder adquisitivo, sino que refleja la presión de la inflación, que obliga a los hogares a destinar más dinero a bienes y servicios básicos.
El incremento del gasto, que oscila entre $150 y $250 dólares adicionales al mes, está impulsado principalmente por el alza inesperada en los precios de la gasolina. Según el informe Consumer Checkpoint de abril del Bank of America Institute, el desembolso en combustible por hogar se disparó un 16.5% en marzo respecto a febrero.
Este aumento se produce luego de que el conflicto en Oriente Medio empujara el promedio nacional del galón de gasolina por encima de los $4 dólares, un nivel no visto desde 2022, según datos de la AAA. La situación es particularmente crítica para los trabajadores hispanos, muchos de los cuales dependen del automóvil para sus traslados laborales o como herramienta de trabajo, haciendo que este gasto sea ineludible.
Como consecuencia directa, la inflación anual en Estados Unidos alcanzó el 3.3% en marzo, su punto más alto desde mayo de 2024. El costo de la energía lideró este ascenso con un 12.5% interanual, mientras que la gasolina acumuló un incremento del 18.9% en comparación con el año anterior.
La preocupación principal radica en el impacto desproporcionado sobre las familias más vulnerables. El reporte del Bank of America Institute señala que los hogares de bajos ingresos destinan entre el 8% y el 10% de su gasto con tarjeta a la gasolina, duplicando el porcentaje de los hogares de altos ingresos. Cuando los precios del combustible suben, este porcentaje se eleva, comprimiendo aún más los presupuestos dedicados a otros rubros esenciales.
Durante marzo, el gasto de los hogares de bajos ingresos creció apenas un 2.2% interanual, una cifra significativamente menor al 3.9% registrado por los hogares de altos ingresos. Un dato revelador es que, mientras los hogares de ingresos medios y altos lograron aumentar su gasto discrecional, las familias de bajos ingresos se vieron forzadas a recortarlo, ajustando sus ya limitados presupuestos.
Para numerosas familias hispanas, este aumento se traduce en entre $60 y $90 dólares más al mes en gasolina en comparación con el año anterior.
La brecha se agrava al analizar el crecimiento salarial. Datos de depósitos del Bank of America indican que, en marzo, el crecimiento salarial después de impuestos para los hogares de altos ingresos fue del 5.6% respecto al mismo mes de 2025, el más rápido desde agosto de 2021. En contraste, para los hogares de bajos ingresos, este crecimiento fue de apenas el 1%, marcando la disparidad más amplia desde que se iniciaron estos registros en 2015.
“El ‘K’ actual en el crecimiento salarial ha deshecho parte de las ganancias relativas previas de los hogares de bajos ingresos”, advierte el informe. La clase trabajadora, que había ganado terreno durante la pandemia, lo ha ido perdiendo de manera sostenida en la pospandemia. Además, Deloitte Insights reporta que los consumidores de bajos ingresos han acumulado deuda de tarjeta de crédito a un ritmo más acelerado desde la pandemia en comparación con los sectores de mayores ingresos.
En cuanto a la temporada de impuestos de 2026, los reembolsos fueron más generosos que en 2025. El reporte sugiere que este dinero extra podría haber compensado entre 4 y 12 meses del aumento en el gasto de gasolina, dependiendo del nivel de ingreso. Sin embargo, los reembolsos fueron utilizados principalmente para mejoras del hogar, electrónicos y ropa, mientras que una parte significativa de los hogares de bajos ingresos los destinó a pagar deudas de tarjeta de crédito, lo que demuestra que el alivio no beneficia a todos por igual.
Los analistas no prevén una pronta disminución de los precios. Mark Zandi, economista en jefe de Moody’s Analytics, declaró a CBS News que, en los escenarios más optimistas, los precios de la gasolina podrían estabilizarse cerca de los $3.50 dólares hacia finales de año. No obstante, descartó una caída por debajo de los $3 dólares este año, a menos que se produzca un «shock económico importante, como una recesión».
El precio promedio nacional de la gasolina alcanzó los $4.30 dólares por galón el 30 de abril de 2026, según datos de la AAA. Una estimación de la oficina del senador Ed Markey proyecta que el automovilista promedio pagará $1,096 dólares más en gasolina durante 2026 respecto a 2025, advirtiendo que «es probable que estas cifras sean una subestimación».
Este incremento en el gasto del consumidor en 2026 no es un indicio de prosperidad, sino la manifestación de que las familias, especialmente las de bajos y medios ingresos, incluyendo a millones de hogares hispanos, se ven forzadas por el aumento de los precios a desembolsar más por los mismos bienes y servicios esenciales.
La gasolina actúa como un «impuesto invisible» que consume una porción creciente del presupuesto familiar. Si el conflicto en Oriente Medio se prolonga y los precios del combustible se mantienen elevados hasta el otoño, la brecha económica entre quienes pueden absorber estos costos y quienes no, podría convertirse en la fractura económica más profunda de este año.


