Nueva York.- El corazón continúa su actividad vital incluso durante el sueño, un período en el que el organismo experimenta cambios en la respiración, los niveles de oxígeno y la circulación sanguínea. Factores específicos pueden desencadenar un infarto, incluso mientras una persona duerme, contrariamente a la creencia popular que asocia estos eventos con el estrés intenso o la actividad física extenuante. Especialistas médicos advierten sobre esta posibilidad.
Expertos del Sri Ramakrishna Hospital en India han señalado que el riesgo de sufrir un infarto durante el sueño se incrementa significativamente en individuos con antecedentes de enfermedades cardíacas, presión arterial alta, obesidad, diabetes o trastornos respiratorios como la apnea del sueño.
Un infarto se produce cuando el flujo sanguíneo hacia una sección del corazón se interrumpe, comúnmente debido a la acumulación de grasa o un coágulo en las arterias coronarias. Este evento puede ocurrir en cualquier momento del día, incluidas las horas de descanso nocturno.
No obstante, los especialistas advierten sobre un período de mayor vulnerabilidad durante la madrugada y las primeras horas de la mañana. Este fenómeno se atribuye al ritmo circadiano del cuerpo, que en ese lapso eleva de forma natural ciertas hormonas que influyen en la presión arterial y la frecuencia cardíaca, propiciando así eventos cardiovasculares.
Uno de los trastornos más estrechamente vinculados con los infartos nocturnos es la apnea obstructiva del sueño, una condición caracterizada por interrupciones repetidas de la respiración durante el sueño.
Cada episodio de pausa respiratoria conlleva una disminución en los niveles de oxígeno en la sangre, lo que provoca que el cuerpo reaccione incrementando la presión arterial y sobrecargando el corazón. A largo plazo, esta situación eleva el riesgo de arritmias, hipertensión, insuficiencia cardíaca y, consecuentemente, infartos.
Los profesionales de la salud aconsejan estar atentos a síntomas como ronquidos intensos, pausas respiratorias evidentes durante el sueño, despertares nocturnos frecuentes o fatiga excesiva durante el día, ya que estas señales podrían ser indicativas de apnea del sueño.
Si bien la mayoría de los infartos se manifiestan durante el día, los episodios nocturnos no son infrecuentes. El riesgo se eleva significativamente en individuos fumadores, con niveles altos de colesterol, hipertensión, diabetes, obesidad o malos hábitos de sueño.
Asimismo, el consumo excesivo de alcohol antes de acostarse y el estrés prolongado pueden tener un impacto negativo en la salud cardiovascular.
Para mitigar las probabilidades de sufrir un infarto durante el sueño, los médicos enfatizan la importancia de adoptar hábitos de vida saludables. Entre las medidas más cruciales se encuentran garantizar un sueño reparador, controlar la presión arterial, mantener un peso corporal adecuado y practicar actividad física de forma regular.


