Santo Domingo.- El feminicidio constituye un problema estructural de la sociedad, no un hecho aislado, una conducta pasional o una patología individual, según afirmó el sociólogo Domingo Matías.
Matías explicó que este fenómeno se gesta desde la infancia a través de procesos de socialización, donde ciertos hombres son instruidos bajo la premisa de que el cuerpo, la libertad y la vida de las mujeres forman parte de su patrimonio personal.
Esta perspectiva, detalló el especialista, se manifiesta en prácticas de control, acoso y vigilancia, incluyendo la revisión constante de dispositivos móviles, la geolocalización y las agresiones que surgen cuando una mujer decide poner fin a una relación.
“El agresor actúa bajo la lógica de que, si no es para él, no será de nadie”, declaró Matías en una entrevista concedida a El Día.
El sociólogo añadió que la ineficacia y lentitud de las instituciones encargadas de proteger a las víctimas son factores que contribuyen al incremento de los feminicidios, enviando un mensaje implícito de permisividad hacia los agresores.
Señaló, además, que el problema se arraiga en hogares violentos y en patrones culturales que perpetúan conductas machistas de generación en generación. “No basta con aumentar las penas ni hablar de cadena perpetua o pena de muerte; hay que transformar patrones culturales”, enfatizó.
En este contexto, Matías planteó la imperativa necesidad de implementar políticas públicas con enfoque de género en escuelas, centros laborales y comunidades, con el fin de promover espacios libres de acoso y una cultura de convivencia pacífica.
También sostuvo que el fenómeno debe ser analizado desde una perspectiva territorial y social, dado que su incidencia no se manifiesta con la misma intensidad en todas las comunidades.
Factores como la falta de inversión pública, la inseguridad en sectores periféricos y la ausencia de infraestructura adecuada incrementan la vulnerabilidad de las mujeres frente a la violencia, afirmó.
Respecto al rol de la salud mental, Matías consideró que, si bien puede influir en ciertos casos, el feminicidio obedece fundamentalmente a una construcción social y cultural aprendida desde la infancia. Señaló que muchos agresores provienen de entornos familiares violentos, replicando patrones observados durante su desarrollo.
“El feminicidio no es un crimen de amor”, enfatizó el especialista, aclarando que se trata de un castigo violento perpetrado ante la pérdida de control sobre las decisiones y la autonomía de las mujeres.
Consideró imperativa la actualización de la Ley 24-97 sobre violencia intrafamiliar, con el propósito de fortalecer el enfoque preventivo, ampliar las políticas públicas y asignar mayores recursos a programas educativos y casas de acogida para víctimas.
En el marco legal actual, la Ley 74-25 establece en su artículo 93 que constituye feminicidio el hecho que cause la muerte de una mujer en razón de su género, independientemente de la edad, relación de pareja o lugar donde ocurra.
Asimismo, el artículo 95 define el feminicidio conexo como la muerte de una mujer dentro de un contexto de violencia feminicida, aun cuando ella no sea el objetivo principal del agresor.
En cuanto a los canales de atención a sobrevivientes, se menciona la Dirección Nacional Contra la Violencia de Género (DNVG).


