San Juan, Puerto Rico.- Las barreras idiomáticas y la complejidad técnica de la documentación federal representan un obstáculo significativo para los agricultores de Puerto Rico que buscan expandir sus negocios más allá de las fronteras de la isla. Esta situación les dificulta el cumplimiento con el marco regulatorio de agencias estadounidenses como la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA).
Así lo afirmó en entrevista Daniela Miranda Arroyo, agrónoma licenciada y propietaria de DMA Food Labs, una empresa dedicada al desarrollo de sistemas de cumplimiento para agricultores, facilitando su acceso a mercados globales. La conversación con la también científica de alimentos tuvo lugar en el contexto de una mesa redonda con agroempresarias puertorriqueñas, celebrada el pasado 6 de mayo durante el evento anual “Agrohack Conference & Expo”, donde se abordaron los retos y oportunidades de la industria.
“Existe una barrera, no solo en el idioma, sino en el lenguaje. No es lo mismo español o inglés que el lenguaje técnico o especializado que se utiliza”, explicó Miranda Arroyo. Subrayó que muchos agricultores en Puerto Rico, en su mayoría mayores de 55 años y con décadas de experiencia en métodos tradicionales, encuentran dificultades para adaptarse a las tecnologías y comprender regulaciones repletas de tecnicismos, incluso cuando están disponibles en español.
Otro desafío crucial, según Miranda Arroyo, es la falta de orientación práctica para aplicar la información obtenida en talleres a las particularidades de cada finca y producto. “Se imparten capacitaciones y talleres constantemente, pero la persona llega a la finca y está completamente perdida. No es solamente la barrera del idioma, sino el lenguaje regulatorio que es complicado de entender, analizar y aplicar a su empresa, ya que es muy personalizado para cada finca o manufactura de alimentos”, reafirmó la experta.
La agrónoma, con una maestría en Ciencias Agrícolas de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Mayagüez, enfatizó la necesidad de que las autoridades mejoren la claridad y accesibilidad de la información. Su recomendación incluye la creación de materiales menos técnicos y la promoción de boletines informativos en redes sociales. Actualmente, Miranda Arroyo desarrolla un manual para simplificar esta información regulatoria, buscando una implementación más sencilla y práctica para los agricultores.
Además, la especialista señaló que algunas regulaciones federales no se ajustan a la realidad de Puerto Rico como isla y a las características de sus pequeños agricultores, imponiendo normativas que podrían ser más flexibles. Aclaró que las exigencias varían según el producto y la capacidad de producción, aunque las buenas prácticas agrícolas y de manufactura son siempre obligatorias.
Un problema recurrente en las consultas de asesoría es la descoordinación entre agencias que gestionan incentivos agrícolas. “Una agencia dice una cosa y la otra agencia otra, y no existe ese enlace”, comentó Miranda Arroyo, atribuyendo esto a procesos burocráticos y sistemas de datos “arcaicos” que dificultan la obtención de permisos y la eficiencia general del sector.
Para aquellos agricultores que aspiran a expandir su alcance, la experta aconseja implementar un plan de contabilidad riguroso que detalle costos operativos y depreciación de activos. “Muchos de estos agricultores están enfocados en sembrar, no en sentarse a trabajar sus números para ver dónde están fallando”, alertó, destacando la importancia de la estructura y la transparencia para obtener financiamiento y presentar planes de negocio sólidos.
La certificación como agricultor bonafide es crucial, ya que permite acceder a incentivos y exenciones contributivas, principalmente a nivel local. El Departamento de Agricultura de Puerto Rico (DA) ofrece subsidios de hasta un 50% en semillas y fertilizantes, reembolsos salariales y fondos de hasta $250,000 para mejoras, con el objetivo de estimular el desarrollo agropecuario y aumentar las exportaciones, así como mitigar la inseguridad alimentaria en la isla, que importa más del 80% de sus alimentos.
En este contexto, Miranda Arroyo instó a los productores a explorar métodos más resilientes como la agricultura urbana y controlada (hidropónicos), especialmente ante el cambio climático y la vulnerabilidad de la isla a fenómenos como el huracán María, para asegurar la producción local de alimentos.
La mesa redonda también contó con la participación de Carlos Cobián (productor de Agrohack), Wanda Otero (microbióloga y propietaria de Quesos Vaca Negra), Érica Reyes (propietaria de Hacienda Moraica), Brenda Ayala y Rosely Hernández (Las Finqueras), y Rafael Vélez (director comercial de Puerto Rico Farm Credit). El encuentro se enmarcó en el Año Internacional de la Mujer Agricultora de la Organización de Naciones Unidas (ONU), donde las agroempresarias compartieron sus experiencias en un sector tradicionalmente dominado por hombres.
Érica Reyes, de tercera generación de caficultores y dueña de Café Cola’o, describió los desafíos culturales y físicos que enfrentan las mujeres en el campo, aunque celebró la creciente inserción femenina en la agricultura. Por su parte, Wanda Otero relató cómo transformó una crisis económica en una oportunidad, creando Quesos Vaca Negra y luego expandiendo a yogures probióticos, destacando la visión y dedicación como claves del éxito.
Miranda Arroyo validó estos testimonios, señalando el marcado sexismo que muchas mujeres enfrentan, a menudo relegadas a roles administrativos. Sin embargo, resaltó la capacidad de planificación y diversificación de las mujeres, y la invisibilidad del rol de las esposas de los agricultores en las métricas oficiales, a pesar de su activa participación en la gestión de las fincas.
Datos de Agrohack y el censo agrícola de 2022 indican un aumento en la participación femenina en la agricultura de Puerto Rico. De los 7,602 operadores de fincas, el 13% son mujeres, una subida notable desde el 8% en 2018. El profesor de economía agrícola Javier Pérez Lafont anticipa que esta tendencia continuará, señalando que la mayoría de sus estudiantes de agricultura son ahora mujeres. Todas estas agroempresarias comparten el objetivo común de expandir su presencia en el mercado local con miras a la exportación.


