Caraballeda, Venezuela.- Aurora Rodríguez lleva varios días durmiendo afuera de su casa destruida en La Guaira, el estado más devastado por los recientes terremotos en Venezuela. Ella aguarda la recuperación del cuerpo o rescate vivo de su hijo, mientras miles de personas trabajan contrarreloj para hallar a más sobrevivientes casi una semana después del desastre.
La venezolana cuenta a EFE que su hijo, de 25 años, quedó atrapado en la casa con sus mascotas durante el doble terremoto ocurrido el pasado miércoles. Ella logró escapar porque estaba en su lugar de trabajo en ese momento.
«Mi hijo estaba acompañado de 12 gatitos y cinco perritos. Ese día (del terremoto) sacamos a una perrita que siempre estaba con él, ilesa. Logré sacar cinco gaticos míos que salieron completamente ilesos; una la saqué muerta», detalla Rodríguez.
La mujer de 52 años indica que ha tratado de remover los escombros para rescatar a su hijo, pero reconoce que ya hizo lo que pudo y pide que trasladen al lugar maquinaria para sacar lo más pesado. «Yo no soy la única; hay muchos dolientes, muchas familias con sus familiares enterrados. Pero yo quiero llevarme a mi hijo», subraya.
A casi una semana de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, los rescatistas marcan los edificios caídos con pintadas en las paredes para indicar el número de muertos, con nombre y apellido, y dónde vivían: piso y número de apartamento. Además, detallan el número de cuerpos por recuperar y hasta señalan con una flecha el lugar de los cadáveres.
Al menos 1.943 personas han muerto y 10.571 resultaron heridas, informó este martes el Gobierno. En la zona de desastre hay 3.660 rescatistas extranjeros, 148 perros, 49 vehículos de apoyo y 26.121 efectivos venezolanos, según información oficial.
Rodríguez cree que si sus animales han sobrevivido, su hijo también podría estar vivo. Desde el pasado miércoles, salvo el domingo y lunes, durmió en colchonetas afuera de su casa destruida. Voluntarios le han llevado agua y comida, con la cual ha subsistido.
Varias veces ha llamado a su hijo para hallar signos de vida. Ya no le importan sus pertenencias, solo quiere a su hijo «tal y como esté».




