Carolina del Norte, EE. UU.- Miles de trabajadores agrícolas llegan cada año a Carolina del Norte bajo el programa de visas H-2A, buscando oportunidades económicas superiores a las que encontrarían en sus países de origen. Entre ellos se encuentra Alberto Granados*, de 40 años, originario de Hidalgo, México, quien forma parte de los aproximadamente 25,000 jornaleros que migran estacionalmente para laborar en el campo.
Su destino es la industria tabacalera del estado, sector en el que Carolina del Norte se posiciona como el principal productor a nivel nacional, con cerca de 260.1 millones de libras anuales, lo que representa aproximadamente el 60% de la producción total de tabaco en Estados Unidos. Detrás de estas significativas cifras económicas se encuentran las historias y el esfuerzo de miles de individuos, como Alberto, cuya labor contribuye al impacto económico estatal.
Alberto relata que su primera experiencia migratoria a Estados Unidos ocurrió a los 19 años, cuando se trasladó a Luisiana para trabajar en la cosecha de diversos cultivos como fresas, repollos, pepinos, calabazas y sandías. El proceso, según explica, implicaba no solo el acceso a recursos económicos, sino también a una red de contactos que facilitara la conexión con un empleador, a menudo con un costo asociado.
La motivación principal para migrar era la disparidad económica. «El trabajo es duro, pero te pones a pensar: lo que ganas en México en un mes, aquí lo haces en una semana», afirmó. Sin embargo, tras nueve años de trabajo ininterrumpido y prolongadas ausencias de su país, sus prioridades cambiaron al contraer matrimonio. Su contrato de nueve meses le permitía pasar solo «dos o tres meses en México«, una situación que consideró insostenible para su vida conyugal.
Tras una pausa de dos años, Alberto recibió una nueva oportunidad en Carolina del Norte gracias a un primo. Llegó en agosto a un campo de tabaco, una labor para la que carecía de experiencia. La principal dificultad fue la barrera del idioma, el inglés, lo que a menudo lo llevaba a realizar las tareas «a la aventura», sin una comprensión completa de las instrucciones.
A pesar de los desafíos, las condiciones económicas resultaron ser más favorables que en Luisiana, con salarios que casi duplicaban sus ingresos semanales y una mejora en las condiciones de vivienda.
Alberto rápidamente percibió las marcadas diferencias y la dureza del trabajo en el tabaco en comparación con la fresa. Destacó las largas jornadas, el intenso calor, la exposición a químicos y a la nicotina. Como muchos de sus colegas, sufrió de la enfermedad del tabaco verde, intoxicación que combatía con «remedios caseros que los mismos compañeros preparaban, como la leche o el té de orégano». Además, las extenuantes jornadas le provocaron insomnio.
El trabajador también enfatizó el impacto del cambio climático en su labor. «En los últimos cinco años, la temperatura ha aumentado cada vez más», señaló. Aunque disponen de agua fresca, los descansos se han reducido. Las jornadas laborales inician a las siete de la mañana en la planta, pero durante el corte de tabaco, comienzan entre las cinco y media y las seis de la mañana, extendiéndose hasta las siete de la tarde.
Existe un palpable temor entre los jornaleros ante los días de calor extremo, y Alberto recordó casos públicos de trabajadores que han perdido la vida. La lejanía de los servicios médicos agrava la situación, con hospitales a «cuarenta minutos» de distancia, dificultando el acceso a atención de emergencia, especialmente durante la noche.
La reciente modificación en la escala salarial para los trabajadores agrícolas con visa H-2A ha generado incertidumbre. «El año pasado estaban pagando como $16 por hora, pero este año la paga es de $11«, explicó Alberto, señalando que una diferencia de «cinco dólares» diarios es significativa para ellos. Esta reducción ha llevado a muchos colegas a reconsiderar su participación en la temporada actual, buscando otras opciones ante la situación en México.
Alberto proyecta su regreso a México en noviembre, donde lo esperan su esposa e hijos. La distancia y la separación son una constante dificultad, aunque las comunicaciones telefónicas diarias alivian la carga. En su país natal, se dedica a un emprendimiento familiar de cultivo de café, coordinando la producción y apoyándose en otros durante la cosecha entre diciembre y enero.
La perspectiva de Alberto sobre la migración ha evolucionado. A pesar de haber emigrado a los 19 años, ahora aconseja a los jóvenes priorizar la educación. «Yo les recomendaría que estudiaran y siguieran una carrera. Porque el sueño americano ya no es como antes. Es mejor tener una maestría o un doctorado que venir a trabajar así», sentenció. Este mensaje lo transmite también a sus hijos, enfatizando la importancia de «estudiar y aprovechar la escuela» con su apoyo económico.
Aun cuando desearía continuar en el campo por más tiempo, Alberto es consciente del inevitable desgaste físico. Aunque actualmente se encuentra bien, ya experimenta dolores, especialmente en la espalda y el nervio ciático. El cultivo de tabaco, con sus jornadas extenuantes, el esfuerzo físico constante y los movimientos repetitivos, termina por cobrar su factura, provocando dolores intensos, calambres nocturnos y la imposibilidad de un descanso reparador.
*Nota del editor: Para proteger la identidad y la seguridad del trabajador agrícola mencionado en este artículo, su nombre ha sido modificado.


